MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ SILVA Olivares, Sevilla, España, 1960.

Rodríguez Silva pone el acento en el lugar más extremo de la abstracción, la monocromía. El mero acto de expandir un pigmento sobre una superficie ya lo considera un hecho artístico en sí mismo. Los distintos formatos y espesores de la capa pictórica y el soporte asumen el protagonismo de la obra e invitan al espectador a disfrutar de su dimensión tridimensional. A partir del fragmento como elemento estructural, el artista desarrolla obras complejas que propician la interacción entre elementos modulares.

El artista asume una postura esencialista frente a la práctica artística, en tanto su principal preocupación plástica se concentra en los aspectos materiales y concretos de la pintura. Mostrando el contraste entre el carácter inerte y deshumanizado del metal y la cualidad orgánica de la materia pictórica, su obra (desnuda de artificios, imperturbable y sintética) persigue la máxima intensidad visual utilizando los mínimos recursos plásticos.